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 La renovación muestra al eterno líder. (Foto: Ángel Miguel Bastidas)

Golpe de timón es el término de una línea trazada por el Comandante Hugo Chávez cuando el Proceso Bolivariano reclamaba rápidos cambios ante la bestial ofensiva de la derecha venezolana y sus aliados internacionales, que había afectado seriamente la economía del país.

El tortuoso camino

A once años de haber derrotado en una larga resistencia armada al invasor extranjero, Vietnam se encontraba atrapada en la posguerra que consumía al país en la miseria, pero nuevamente bajo la conducción del Partido Comunista fue capaz de dar el salto estratégico apropiado tras un intenso debate de la dirigencia revolucionaria y sus bases populares.

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 Iconos de la amplitud económicas. (Foto: Ángel Miguel Bastidas)

Durante la Revolución de agosto de 1945 el pueblo vietnamita comprendió que estaba listo para emprender la lucha independentista frente al colonialismo francés: Ho Chi Minh se juramentó como presidente de la República Democrática de Vietnam, el 2 de septiembre de ese año convulsivo de 1945.

Pero en realidad, la lucha frente a los europeos apenas comenzaba. Fueron necesarios nueve años más para sellar la derrota del colonialismo francés, con la Batalla de Dien Bien Phu, el 7 de mayo de 1954.

La firma de los Acuerdos de Ginebra, un día después de la victoria vietnamita, aparecía rubricar la paz duradera en toda Indochina donde había flameado la bandera gala por unos 80 años.

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 Los que combatieron ayer por la paz de hoy. (Foto: Ángel Miguel Bastidas)

La geopolítica tranquilizaba; tras la muerte de Stalin, en la Unión Soviética se hablaba de la distención internacional y la República Popular China abogaba por el fin del conflicto en la península de Corea.

Sin embargo Estados Unidos, que había subsidiado a Francia con dinero y armas, se alistaba para ocupar el lugar de su derrotado aliado europeo, y violando los Acuerdos de Ginebra abrió otro sangriento capítulo en la historia de la humanidad.

Esa misma historia le pasó fractura a los cowboy del Pentágono el 30 de abril del año 1975, sin antes asestarle otros determinantes golpes militares; La Ofensiva del Tet (1968) y la Batalla Dien Bien Phu bajo el cielo (Hanoi1972).

El atolladero

Así como la odisea de Dien Bien Phu (1954) y la Victoria de la Primavera en Saigón (1975) le había dado calor a las luchas populares anti capitalismo, sobre todo en África y América Latina, en la Indochina se avecinaba una etapa tan difícil como la misma guerra, con un país destrozado, sin escuelas, ni universidades, los hospitales en el suelo y la industria colapsada productos de los masivos bombardeos, además de miles de hectáreas contaminadas de Agente Naranja en el 10 por ciento de los territorios del sur.

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 El clarín de los pioneros llama a prepararse por un futuro mejor. (Foto: Ángel Miguel Bastidas)

Si esto resultara poco, Estados Unidos y sus aliados se trazaron aislar y hundir en el caos a la nueva República socialista con un bloqueo económico que golpeó hasta 1994, mientras alentaban a las pandillas que se aprovechaban del hambre y la miseria del pueblo vietnamita, sobre todo en Saigón, donde la burguesía, esencialmente los Hoa (vietnamitas de origen chino) que se aprovechaban de la crisis controlando desde el mercado negro.

Esa dramática realidad, descrita al detalle por Gabriel García Márquez en el reportaje La Mentira y la verdad del éxodo vietnamita (1980), muestra una fase de una revolución que parecía perdida, luego de una larga lucha nacional que había dejado en el campo de batalla más de 2 millones de muertos.

La propaganda imperialista pasó a ocupar el puesto de los yanquis derrotados en suelo vietnamita, desatando una gigantesca guerra mediática, retratada en la barcazas repletas de migrantes "huyendo del infierno comunista" frente a las costas de Hong Kong o Malasia.

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 La espiritualidad: fuerza extraordinaria de los vietnamitas. (Foto: Ángel Miguel Bastidas)

El panorama internacional no era nada alentador para la joven revolución, que ya no contaba con el apoyo de la República Popular China, mientras la Unión Soviética y en general el campo socialista mostraba los primeros síntomas de una crisis que tomó cuerpo entre 1985 y 1991.

La lejana Cuba era el único aliado sólido de los vietnamitas, pero sufría los embates del bloqueo estadounidense y el debilitamiento de la Unión Soviética y el resto de campo socialista.

Golpe de timón

La influencia soviética en la dirección del Estado vietnamita había distorsionado la economía vietnamita que en la década de los 80 no encontraba solución a la baja producción, al hambre y al desempleo, además de tener que dedicar importantes recursos a los gastos militares para poder defender la revolución de las amenazas foráneas.

 
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 La milenaria cultura vietnamita, mantiene y fortalece sus espacios. 
(Foto: Ángel Miguel Bastidas)

Precisamente, la crisis soviética (1985-1991) tuvo que ver con el aceleramiento de las medidas emergentes del VI Congreso (1986) del Partido Comunista de Vietnam (PCV), donde se diseñó la línea renovadora o Đổi mới.

El anterior congreso partidista (1982) había activado el alerta amarilla, ratificada por la VIII Conferencia del Comité Central, que había decidido adelantar medidas de control de precios y sueldos, frente a la burocracia y la subvención.

La situación era realmente crítica. Se hablaba de errores estructurales, sobre todo en el sector de inversiones y la construcción. La inflación rondaba el 700%. Era urgente impulsar la producción y el comercio con mayor eficiencia. 

Pero debieron pasar cuatro años más para encontrar la fórmula que detuviera la caída, mientras una profunda crisis política, ética y moral le movía el piso al mundo socialista de entonces.

El actual Secretario general del Partido Comunista, Nguyen Phu Trong, desgrana la situación partidista en los días del golpe de timón hacia la apertura económica, en su libro Vietnam en el camino de la Renovación.

"No fue fácil –dice- encausar la dirigencia revolucionaria al reconducir la revolución. Existían, entonces, tres tendencias: los que trabajan emergentemente (los impacientes); los de pasos lentos y cuidadosos (los temerosos) y los del medio (los conservadores)".

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 El marxismo-leninismo en lo más alto. (Foto: Ángel Miguel Bastidas)

Era evidente, según el máximo líder comunista de Vietnam, que la confusión ideológica estaba presente ante la encrucijada, camino a la renovación. El innegable arrojo y moral de los combatientes de ayer no era suficiente para la lucha por la felicidad del pueblo.

El trabajo ideológico del partido de la revolución y de la política educativa del Gobierno revolucionario, fue determinante para salir adelante en la discusión, con el apoyo, además, de la escuela de cuadros, o llamada ahora Academia Política Nacional Ho Chi Minh, que hoy cuenta con miles de cursantes.

Se trata de una poderosa herramienta con la cual cuenta el partido y el estado para consolidar su liderazgo, para solidificar la visión marxista leninista del proceso y la proyección del Pensamiento de Ho Chi Minh.

"Si el VI Congreso había sido el que inició la renovación con las líneas iniciales y básicas, entonces, el VII Congreso fue el que suplementó, desarrolló y perfeccionó aún más la política de renovación, formando un sistema de puntos de vista iniciales que conducen la renovación, construyen y defienden la Patria en el periodo de transición hacia el socialismo en Vietnam" (Nguyen Phu Trong -2005-Vietnam en el camino de la Renovación).

A 30 largos años de aquella decisión histórica del Partido y su pueblo, Vietnam muestra definitivamente el rostro de un país que avanza en el grupo de vanguardia en el Sureste Asiático, que tiene en la ASEAN (Asociación de Naciones del Sureste Asiático) una alianza segura para el bienestar de los pueblos.

Centros del saber, que albergan unos 20 millones de estudiantes, garantizan que Vietnam seguirá ganando espacios como uno de los mayores productores de alimentos del Lejano Sur, renglón importante para la felicidad del pueblo.

Así como las rotundas victorias logradas por el pueblo vietnamita, sobre todo en Dien Bien Phu y en la Primavera de 1973, animaron en ese momento a los movimientos de liberación nacional que se gestaban en numerosos países, entre ellos Venezuela, hoy los éxitos de la Patria de Ho Chi Minh constituyen una inyección de optimismo y esperanzas para muchos pueblos, como el venezolano que lucha contra la conspiración imperialista.

“El estado se equivoca a veces. Cuando una de esas equivocaciones se produce, se nota una disminución del entusiasmo colectivo por efectos de una disminución cuantitativa de cada uno de los elementos que la forman, y el trabajo se paraliza hasta quedar reducido a magnitudes insignificantes; es el instante de rectificar”. Ernesto Che Guevara, (1965) El socialismo y el hombre en Cuba./.

VOV (Texto y fotos: Ángel Miguel Bastidas)